“La policía pierde credibilidad” En el Barrio San Isidro empezaron ofensas las cuales llegaron al punto de atacar en las horas de la noche. La policía permitió estos actos de violencia porque pese a que estaban ahí, no hicieron nada para proteger al ciudadano.

El domingo 16 de agosto aproximadamente a las 8 de la mañana en el sector del Barrio San Isidro, explicitamente en la Hacienda la Esmeralda, el señor Carlos Alberto Acosta, se dirigía a realizar unas compras, en el momento en el que llego a su lugar de residencia, se dio cuenta de que ésta estaba con candado, golpeó e intento sacudir el portón varias veces para poder abrir el candado o al menos para que alguien le abriera, como el resultado fue negativo el señor Acosta empezó a escalar el portón y cuando lo logró se dispuso a realizar sus respectivos labores, en el camino se encontró a un amigo el cual le ofreció voluntariamente a prestarle su vehículo a cambio de unos favores, cuando realizó sus labores. Aproximadamente a las 9 de la mañana ya había llegado de nuevo al portón, pero apenas un joven lo vio, le puso la llave a este, cuando se acercó al lugar se encontró con el portón con candado, entonces nuevamente se dispuso a forcejear el portón para que alguien le abriera, después de varios intentos fallidos, el señor Acosta agarró una piedra y la lanzó hacia el candado, logrando que este se rompiese para que así el señor pudiese salir.

Al momento de llegar a la finca, Acosta entregó el vehículo y el señor continuo con sus labores en la finca, hasta que recibió una llamada la cual era para solicitar un arreglo de fontanería. Al momento de llegar al portón el señor Acosta se encontró con 2 vecinos de nacionalidad venezolana, junto con una señora en estado de embarazo, la cual es la esposa del señor que lo agredió (Diego) los cuales empezaron a tratarlo con un tono burlesco y soso, él ignorando estas acciones continuó su camino, al momento de volver nuevamente noto que el portón tenia candado, el cual ya cansado, agarro un martillo y daño el candado para que él pudiera salir, pero esta vez se guardó el candado en el bolsillo.

Camino al trabajo el señor Acosta noto que los tres ciudadanos lo estaban siguiendo, y cuando ellos lo notaron empezaron a gritarle y a decirle vulgaridades, a lo que él, ya cansado de eso respondió de manera sencilla diciendo que prefería hablar personalmente con el encargado de la finca, Acosta llamo a los policías y cuando ellos llegaron realizaron inspecciones y aseguraron que cuando volviera a pasar los solicitara para que ellos mismos se encargaran de abrir el portón.

El día siguió normal, el señor termino su trabajo se dirigió a su hogar junto con unos amigos, el portón se encontraba abierto, entonces no hubo necesidad de llamar a los policías, cuando llego la noche (8 de la noche aproximadamente), Acosta se fue a reclamar un dinero, pero en el camino, escucho como uno de los tres ciudadanos dijo que iban a agredir a “el tigre” (así es como el jefe se refiere a Acosta) cuando pasaba por el portón, el señor Diego (el jefe) ataco a Acosta gritándole a las tres personas para que se acercaran para matar a Acosta, a lo que Acosta alterado saco el martillo y dijo que mejor lo dejaran para evitar problemas, tratando de resolver eso pacíficamente Acosta habló para que no se metieran con él, pero pese a las palabras, los tres Venezolanos empezaron a atacarlo con palos y patadas, como pudo Acosta se defendió y en un momento llamó a los policías.

Cuando ellos llegaron, Acosta se sintió confiado pensando que el problema había acabado, pero no se esperaba que llegasen mas trabajadores de la finca, le empezaron a agredir de forma muy violenta y pese a que la policía estaba allí, ésta no hizo nada. Al contrario, cuando el señor se puso de pie la policía le pidió papeles y en ese momento los de la finca lo agarraron y le robaron $570.000 pesos.

Cuando Acosta nuevamente se puso de pie le grito a los policías para que lo ayudaran, ellos se hicieron cargo y llevaron a Acosta a la U.S.I del Ricaurte, con la compañía de su hija. Apenas llegaron, los policías dejaron a Acosta afuera de la U.S.I como si de un perro callejero se tratase.

las agresiones han venido desde hace varios días, inclusive ya se había puesto una demanda de conciliación en la policía, pero lastimosamente, tuvo que esperar hasta que empezaran las agresiones para que por fin se pudiera llegar a un acuerdo en el cual la esposa del principal agresor hablase con el señor Acosta.

Carlos Alberto Acosta Ganoles se siente sumamente ofendido, ya que afirma que la policía ha perdido credibilidad e inclusive, no se han tomado la delicadeza de atender con más moral y más ética, además de la ingenuidad de los agentes, ya que si él no les hubiese gritado ellos no hubiesen hecho nada para protegerlo. Así mismo se siente inconforme ya que al no tener registros, nombres o placas de los policías, se le hace bastante difícil el hallazgo de estos.

Redactado por: Albert Stiven Tique Calderón

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