Por: Jorge Ancizar Cabrera

Para estar con nuestra historia y con todas las Madres del mundo. Luchadoras, Amorosas y Trabajadadoras incansables, en el mes de Mayo y para rendirle tributo a su perseverancia en la formación y crianza de sus hijos, este hermoso poema del poeta atacuno; Cantor y Ruiseñor del Tolima. Jesús Antonio Cruz “Martín Pomala”. Fué víctima de la violencia, asesinado en Ibagué en el año de 1951 y como dijera Emilio Rico: “A pesar de la miseria, de la soledad, del silencio y del olvido”.

Para que vibremos, con las cosas del espíritu en tiempos de pandemia y, en esta sociedad deshumanizada que no cree en las cosas fundamentales y los valores de la cultura, la historia y el amor a la naturaleza, yo creo que el mejor homenajes a las Madres de la tierra, es dando a conocer la obra poética de Pomala, trayendo su poema “Fibras del Alma”, de amor a ellas, y otro poema “Ave Antioquia” histórico sobre la conquista, la colonia, la independencia y la república, que en sus estrofas, ambos hacen vibrar las cosas bellas de la patria.

FIBRAS DEL ALMA

              I

Diosa de los hieráticos altares
de mi existencia! Reina bendecida
por quien amo lo triste de la vida
y por quien llevo a cuestas mis pesares!

Tus ojos como inmensos luminares
auroran en mi ruta aridecida;
y si muestra mi pecho alguna herida
las cubres con tus manos tutelares.

Cómo no he de quererte, vieja mía
filtradora del mar de mi agonía
Y musa inspiradora de mi verso!

Si tu palabra tierna es mi consuelo,
si en tu beso senil me das un cielo
Y en tu mirar de madre un universo!

                           II

A tí, que sí me tienes verdadero
amor; que a soportar el mal me ayudas,
que no me das el osculo de Judas
y mueres de dolor si yo me muero!

A tí cuya existencia que venero
se gasta toda entre batallas rudas,
sin que con manos ávidas acudas
a registrar mi bolsa con esmero!

A tí, van mis canciones! Pobre ofrenda!
cogida en los zarzales de mi senda
sin luz; flores del alma con que quiero

perfumarte las sienes, porque tú eres
la única entre todas las mujeres
que no me pides por amor dinero!

¡AVE, ANTIOQUIA!

Martin Pomala

I
CONQUISTA Y COLONIA
Pindárico grito dilate tus glorias por el hemisferio./
Un canto de bronces para ti, Montaña preclara y augusta,/
que trocaste en hoces las recias cadenas de tu cautiverio/
igual que las bravas panoplias pujantes de la magna justa./
Un día las fieras falanges hispanas violaron tu suelo;/
flotaron, gallardos, los nobles pendones de la gran Castilla,/
y en tus cumbres agrias – mientras los cóndores alzaron el vuelo-/
floreció
de fuerza desde tus entrañas la ruda semilla./
Eran hombres fuertes los que te infundieron extraños vigores:/
Fornidos atletas que en raptos de gloria cruzaron los mares,/
los pechos robustos ardidos en flamas de sacros furores,/
cerradas las almas rebeldes al toque de negros pesares./
Rodelas, corazas, airosos penachos y aceros tajantes,/
fueron el prestigio de los legionarios de Hispana bravía,/
cuando te impusieron el verbo de Miguel de Cervantes/
que entre un fragoroso clamor de trompetas la turba traía./
Membrudos soldados tan recios como esos, los conquistadores/
confiaron, fervientes, a tus lozanías las proficuas eras;/
y en alumbramiento de mística diosa rendida de amores/
les diste fecunda! Las próvidas ubres de tus cordilleras./
Al calor del Trópico, al agua, y al soplo de los vendavales/
-en medio de flechas, serpientes, jaguares que pusieron miedo-/
los ventureros marchaban hostiles por los robledales,/
tras las roncas voces de Francisco César y Jorge Robledo./
Rugieron los hoscos leones de Iberia sembrando pavuras…/
Sus vidas heroicas rindieron los graves caciques altivos,/
Y un vasto silencio, cual de eternidades, reinó en las alturas,/
como si los cóndores bajo de las zarpas muriesen cautivos./

II
INDEPENDENCIA
Un trágico sueño de sangre durmieron en los altos montes/
tus águilas bravas. Y al sol libertario donaron sus remos/
enormes, tendidos al lírico viento de los horizontes,/
de donde se alzaban agresivamente tus gritos supremos./
Con rápidos giros, en pos de una estrella dudosa, quimérica,/
desde los fecundos agros que atesoran los filones ricos/
remaron las bandas al través del cielo jocundo de América/
fllameantes los ojos, tremantes las garras y prestos los picos./
Cantó la metralla. Y al cálido acento de briosos clarines/
desató la Guerra la furia impetuosa de sus huracanes./
Se impuso, orgullosa, la voz altanera de tus paladines/
y todas las selvas crujieron al paso de tus capitanes…/
Córdoba apolíneo sujeta a los puños la esquiva victoria/
y esculpe en los siglos la insólita frase que forjó derrotas/
hasta que, cansada de besarlo mucho, lo aduerme la Gloria,/
dolorosamente, sobre tu regazo, con las sienes rotas./
En Bárbula ingente mientras vengadoras claman las trompetas/
y el bronco estampido de la artillería sulfura el espacio,/
la sangre rutila sobre los aceros de las bayonetas/
y al pie del invicto pabellón guerrero sucumbe Atanasio./
Los doctos Restrepos en pródigas lides expugnan tu Monte;/
con máximo gesto aquilino te elevan sus cívicos pechos:/
El de eximia toga pulveriza hierros a su voz de Arconte/
y en austeras páginas el otro relieva tus procesos hechos./
Y aquel caballero signado en la frente por tu aristocracia,/
fastuoso y soberbio profeta de lauros, el invicto Zea,/
triunfa en los salones de la vieja Europa con su diplomacia,/
mágico resumen de la Ciencia, de Verbo, de Lira, de Idea…/
Genésica tropa que rige, severa, tus faustos destinos/
y ampara tus pétreos escudos, radiantes ante un nuevo sol!/
Por ellos – los nobles varones de impávidos rostros latinos!/
tocaron el polvo las foscas melenas del León español!/
Por ellos tus hombres a la vida enseñan músculos viriles/
en prósperas luchas que auguran la lumbre de rubias edades;/
y expectantes, ávidas, entonan sus salmos de anhelos civiles/
-gigantes emporios de fuerzas activas – tus áureas ciudades./

III
REPÚBLICA
Pasa la Epopeya… Con ímpetus nuevos tus férvidos hijos/
laboran, valientes, a la sacra sombra del patrio estandarte;/
las selvas sonoras incuban florales y blondos cortijos/
y entre un coro excelso de espíritus santos anunciase el Arte;/
El bardo que es suave flor de manicomios preside el himnario.
“¡El hierro, en los puños! Que el hierro en el cuello demasiado pesa”./
Y en úberas sierras, ante los maizales de verdor agrario,/
Gutiérrez González con geórgico acento de rodillas reza…/
Vástago brillante de limpias prosapias en horas solemnes/
benéficos rumbos te imprime: tu grave, sereno Berrío,/
cuyas pulcras manos entran a tus arcas por salir indemnes/
para ser dos bloques en el bálsamo de tu poderío./
Hoy, bajo la encina de la Paz, que lleva para ti este canto,/
con fe valerosa demandas al Tiempo la vida abundante;/
y en advenimientos de sanos corajes, el divino manto/
robarán tus gentes al lomo nervioso del túrgido Atlante./
Hoy bajo los soles de la Paz, tus huestes vulneran las duras/
entrañas auríferas; descuajan los montes, refugios de fieras,/
y, como tocados por el soplo ardiente de llamas futuras,/
al beso de Austro revientan los tallos de tus sementeras./
Gérmenes potentes impulsan tu fértil solar orgulloso./
Medellín ilustre presiente en sus sueños de ardor juvenil/
las cándidas nupcias, el nevado y el beso fogoso,/
metálico y hondo de un príncipe negro: tu ferrocarril./
¡Montaña gloriosa! Cohorte de estrellas te trae el futuro;/
el puño velloso del tiempo sostiene la corona rútila…/
¡Centinela insomne sobre los peñascos del trágico muro!/
Vigoroso brazo para los combates de la Patria mútila!…/
¡Loor a tus hijos que irradian, perennes, a la luz inmortal!/
¡Pentélicos trozos florezcan al golpe de diestro cincel!/
¡Que atléticos bronces culminen con bélico escorzo triunfal/
y broten profusos y espléndidos gajos del viejo Laurel!/

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