Las Polémicas entre el Centralismo y el Federalismo fueron el origen fundamental de nuestras guerras civiles en el Siglo XII

Por: Jorge Ancizar Cabrera Reyes.

Hoy se cumplen 29 años de la Constitución Política de 1991. En la Colombia actual debemos propender por la paz y la no violencia.

La pugna ideológica por el poder político-administrativo en la conformación de la nueva República en la Nueva Granada desencadenó en el caos y reinó la confusión ideológica e inevitablemente en las primeras décadas del siglo XIX, en las primeras guerras civiles entre centralistas y federalistas. Los primeros liderados por Antonio Nariño, y los segundos por Camilo Torres. Los centralistas y federalistas en sus estilos y modo de organizar el país y sus gobiernos generaron muchas guerras civiles.

Apropiarse de un modelo de constitución política que le diera soberanía a las provincias o regiones federadas como una forma de respetar el localismo político, fue principalmente el rumbo que le quiso dar Camilo Torres para conformar la Primera República granadina, tomando como modelo la constitución Política de Estados Unidos de América; conformar un gobierno central al cual debían adherirse las demás repúblicas del reino, incluso las provincias ya federadas, con el fin de formar un solo bloque central y autónomo del cual dependían las demás regiones de reino, con un modelo de constitución española, fueron las bases ideológicas del sistema político del centralismo abanderado por Antonio Nariño, el cual era el conformado Estado de Cundinamarca. Nariño pensó en un modelo político administrativo que respondiera a la realidad y a la experiencia de Hispanoamérica y de la Nueva Granada.

Si analizamos esos datos históricos que llevaron finalmente a la primera guerra civil entre centralistas y federalistas, pienso que ambas posturas completamente antagónicas, no tuviera otras posibilidades u otro sistema de gobierno que mediara para dar paso a la solución de la naciente república y esto produjo un fuerte liderazgo entre Nariño y Torres, lo que llevó al pueblo mismo a sublevarse y a ser liderado por los mismos representantes de estas dos doctrinas políticas en contradicción.

A ambos hay que criticarles la dependencia que aún sigue siendo muy nuestra y muy actual en la Colombia de hoy y que ha generado conflictos sangrientos. Ambas posturas generaron problemas de índole local por el poder, como se dio a lo largo del siglo XX entre liberales y conservadores principalmente, lo que se llamó violencia política bipartidista.

Estas posturas extremas entre el federalismo y el centralismo condujeron por parte de sus líderes a la solapada expresión del caudillismo y del dictadurismo, pues no es comprensible que, logrados los inicios de la independencia frente a la conquista y la colonia, se suscitaran entre la Nueva Granada una nueva guerra.

Así, la historia de nuestra violencia o guerras civiles se han generado casi siempre por posturas ideológicas que no han generado cambio alguno, como ocurrió desde la primera república entre centralismo y federalismo.
El federalismo, vuelto hacia el antiguo modelo político griego, sancionó sus propias constituciones: Tunja en 1811, Antioquia en 1812 y las de Cundinamarca y Cartagena en el mismo año.

Claro que este poder federado en un mismo ámbito geográfico creó poderes autónomos a la larga peligrosos para la conformación del espíritu de la nacionalidad; por otra parte, el Centralismo buscó la forma unitaria de gobierno entre las provincias, a la que se le sumaron varias, pero era un centralismo a medias conformado por el Estado de Cundinamarca, esto suscitó choque de poderes que necesariamente debieron desembocar en la primera guerra civil.

Javier Ocampo López, en su libro “El Proceso Ideológico de la Emancipación”, expresa con acierto: “Es necesario superar el localismo político porque presenta insuperables problemas para la integración; desperdicia las fuerzas por la dispersión en problemas regionales, fomenta el caudillismo y la preocupación por los problemas particulares”. Esta reflexión del autor citado sigue vigente hasta hoy, pues la lucha entre liberales y conservadores no pudo solucionar el “localismo político” y suscitó el problema de la violencia en Colombia, anteriormente referida.

La Constitución de 1991 lo que hizo fue establecer una convivencia pacífica entre la participación, la igualdad y el respeto a la paz, como derecho humano universal y facultó a cada persona a reclamarla y el deber de respetar esa facultad que tiene cada colombiano a la paz. En el entendido que los derechos humanos pertenecen en igualdad de condiciones a todos. La paz es tan importante como el derecho a la vida o el derecho a la libertad.

El tema de la paz es una de las mayores preocupaciones de la sociedad colombiana y, por lo tanto, es tarea y responsabilidad de todos lograr acabar con el conflicto armado interno y por ello hay que defender el acuerdo de paz de la Habana, firmado entre el Estado Colombiano y las Farc Ep , de igual forma apoyar otros acuerdos de reconciliación y paz que el gobierno colombiano haga con otros grupos al margen de la ley.

En el texto del preámbulo de la Constitución Política de 1991, que hoy estamos cumpliendo 29 años de su vigencia, según constancia de refrendación de la misma firmada, por el doctor Jacobo Pérez Escobar como Secretario General, de la Asamblea Nacional Constituyente el 6 de julio de 1991 dice: “EL PUEBLO DE COLOMBIA, en ejercicio de su poder soberano, representado por sus delegatarios a la Asamblea Nacional Constituyente, invocando la protección de Dios, y con el fin de fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo, y comprometido a impulsar la integración de la comunidad latinoamericana, decreta, sanciona y promulga la siguiente Constitución Política de Colombia”.

La Constitución Política de 1991, se publicó en la Gaceta número 114 del 7 de julio de 1991, pero se olvidaron incluir unas normas aprobadas que hacían parte de la codificación, el texto definitivo fue publicado en la Gaceta Constitucional número 116 del 20 de julio de 1991, según certificación firmada por el Secretario General de la Asamblea Nacional Constituyente, se incluyó la Fe de Erratas (19 correcciones).

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