Hace 316 años falleció John Locke, padre del liberalismo.

Por: Jorge Ancizar Cabrera Reyes.

“Las leyes se hicieron para los hombres y no los hombres para las leyes”. John Locke.

Un día como hoy, el 28 de octubre del año 1704, falleció John Locke, y se cumplen 316 años de su partida a la eternidad, fue padre de las ideas liberales y del pensamiento político respecto de gobierno y de la sociedad civil. John Locke nació el 29 de agosto de 1632 en la Ciudad de Wrington de Inglaterra, su profesión de médico y filósofo, le permitió compenetrarse con las ciencias sociales.

Fue perseguido político, y obligado a salir de su patria, se ubicó en Holanda, ahí escribió sus dos obras más importantes que le merecieron el reconocimiento universal: “El ensayo sobre el entendimiento humano”, documento por excelencia filosófico y del conocimiento del empirismo, y la otra obra que lo inmortalizó también: “El ensayo sobre el gobierno civil”, donde está consagrado todo su pensamiento político, de amor a la libertad, idea que él maduró en su destierro obligado como opositor al Rey Carlos II y a su absolutismo monarquico.

Luchó por las garantías morales e individuales que fortalecen a los individuos, banderas principales del liberalismo y fundamentalmente el principio de la autonomía en la separación de poderes.

John Lock, abordó varios temas en todos los campos del saber, sobre la política, el conocimiento, se ocupó también de los asuntos económicos y monetarios, igual sobre la educación, la ciencia, la física, la botánica la medicina y la fisiología que tuvieron relevancia en su formación como médico que estaba muy marcado en su inmensa obra y en su existencia vital. Se compenetró con el estudio de la naturaleza y de sus pontencialidades para el desarrollo social, publicó el ensayo sobre la “Ley de la Naturaleza”.

De él expresó Voltaire: Jamás hubo, quizás, hombre más sabio que Monsieur Locke.

En su epitafio dice: “Detente, viajero. Aquí yace John Locke. Si te preguntas qué clase de hombre era, él mismo te diría que alguien contento con su medianía. Alguien que, aunque no fue tan lejos en las ciencias, sólo buscó la verdad. Esto lo sabrás por sus escritos. De lo que él deja, ellos te informarán más fielmente que los sospechosos elogios de los epitafios. Virtudes, si las tuvo, no tanto como para alabarlo ni para que lo pongas de ejemplo. Vicios, algunos con los que fue enterrado. Si buscas un ejemplo que seguir, en los Evangelios lo encuentras; si uno de vicio, ojalá en ninguna parte; si uno de que la mortalidad te sea de provecho, aquí y por doquier”.