EL ASOMBRO POR LA VIOLENCIA CONTRA LA PAZ.

Por: Jorge Ancizar Cabrera Reyes.

Las víctima de la violencia política bipartidista, que se logró apaciguar con el pacto de Benidorm, firmado por el dirigente Liberal Alberto Lleras Camargo y el dirigente Conservador Laureano Gómez, en esa ciudad española el 24 de julio de 1956, para poner fin a la situación de violencia y la crisis política que se vivía en esa época en Colombia, fue uno de los principales acuerdos entre los dos partidos tradicionales y establecieron el reparto igualitario de la administación pública, dicho pacto fue ampliado y el 20 de julio de 1957 se firma el pacto de Sitges y con ello nace el Frente Nacional, que duró 16 años, alternándose el poder y el reparto de los cargos públicos entre liberales y conservadores, se acabó con la violencia bipartidista y se logró la desmovilización de algunas guerrillas liberales.

Posteriormente, siguen aumentando los problemas sociales, económicos y políticos surgen cronológicamente varias organizaciones insurgentes las FARC EP, en el año 1964; el ELN, en el año 1965; el EPL, en el año 1967; el M 19 en el año 1970 y el Movimiento Armado Quintin Lame en el año 1984 entre otros.

El 9 de Marzo del año 1990 el Estado Colombiano en el gobierno del presidente Virgilio Barco Vargas se firmó el primer pacto de paz en América Latina con el Movimiento M 19 de abril, que logró entre otras cosas la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente, instalada ya en el gobierno del presidente Cesar Gaviria Trujillo y su primera sesión fué el 6 de febrero de 1991, en el Capitolio Nacional, con la participación de 74 constituyentes, de todos los sectores sociales, político, económicos y culturales, el fruto de ella y para la Historia fue la Constitución Política de 1991 publicada en la Gaceta número 114 del 7 de julio de 1991, y la llegada al Gobierno y al Congreso de una importante representación de los desmovilizados del M-19.

En el gobierno del presidente Juan Manuel Santos Calderón el 26 de septiembre del año 2016 se firma el acuerdo de paz en la Habana entre el Estado colombiano y la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC-EP y después en fecha posterior se firmó el acuerdo final en el Teatro Colón y fue ratificado por el Congreso, con el acompañamiento de países garantes y acompañantes, hoy el grupo político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, de las Farc tiene asiento con sus representantes y senadores en el Congreso de la República.

En lo relativo a la violencia política en Colombia, que transformó nuestras conciencias, vulneró los derechos naturales y los derechos hoy denominados fundamentales, esa etapa de la vida nacional, por cierto, cruenta y fatídica que dejó más de trescientos mil muertos, de características brutales e irracionales, que se tenga conocimiento en la Historia del país.

Igual, el conflicto armado, que persiste aún donde se vulneraron los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, en lo relacionado a los asesinatos selectivos, masacres, extorsiones, falsos positivos, retenciones, desplazamiento forzado y muertes, muchas de ellas de personas inocentes, cuando en una sociedad en la que nos correspondió vivir como hijos de la violencia y de guerra, da lo mismo una vida más o una vida menos y los seres humanos dejamos de ser la medida de las cosas, inevitablemente se hace una devaluación de la vida humana.

La sociedad civil y las víctimas les ha tocado su cuota muy alta, con brutalidad y la barbarie de la violencia y el conflicto violento que hemos padecido y sufrido, donde sólo la paz tranca el río de sangre, a donde caen soldados, población civil, líderes sociales, guerrilleros y bandas criminales en el campo y también en las ciudades.

El Estado, y los otros actores de la violencia y de la guerra deben reparar a las víctimas, porque ésta situación de la vulneración y la restricción de la libertad en los territorios, nos ha dejado, pobreza, hambre, desolación, desplazamiento, tristeza y muerte, y por ello hay que buscar la erradicación definitiva de la violencia expresada también como la secuela del narcotráfico que ejercen control de los territorios con cultivos ilícitos, y la corrupción hace parte igual de factores de violencia.

Tenemos que propender sin odios, sin sectarismos y sin resentimientos y con un renovado espíritu civilista de respeto a nuestras instituciones, para que se promueva el entendimiento entre los antagonistas del conflicto armado y desescalonamiento del mismo, para dejarle un mejor país a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos; ojalá se adopten soluciones negociadas que involucre el respeto de la población, que se estimule el desarrollo social y, sobre todo, que se nos permita entrenarnos para vivir en paz. Vivir en paz es algo que se puede aprender y construir, como se aprendieron las primeras letras , o como se aprendió a amar.

Para poder garantizar una paz estable y duradera, tiene que el pueblo colombiano entrar en un proceso de perdón y reconciliación nacional, donde se desarmen los espíritus.

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